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Personajes de Durón

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UN ILUSTRE DURONERO: DON BASILIO ANTONIO CARRASCO, ULTIMO OBISPO DE IBIZA

A nuestras manos ha llegado un amplio y variado material sobre la vida y obra de don Basilio Antonio Carrasco Hernando, sexto y último obispo de Ibiza, natural de Durón.

Nació don Basilio Antonio Carrasco Hernando, en esta villa, el 13 de junio de 1783, día en que la iglesia celebra la festividad de San Antonio de Padua, sobre las dos y media de la tarde, más o menos, siendo bautizado el día 15 del mismo mes y año en la iglesia parroquial de Santa María de la Cuesta por el párroco don José Marcos de Utrilla; era hijo natural del matrimonio formado por don Antonio Carrasco López y doña María Teresa Hernando, vecinos de Durón; sus abuelos paternos fueron don Antonio Sebastián Carrasco y doña María Magdalena López y los maternos don Juan Antonio Hernando, natural de Durón y doña María García, natural de Budia; fue su compadre de pila (lo que hoy en día conocemos como padrino de bautismo) don Antonio Hernando Herrero, natural y vecino de Durón.

Encontrándose su madre sola en la casa y estando ocupada en las tareas domésticas, tuvo necesidad de ir al establo, que se encontraba detrás de la cocina y allí le sobrevino el parto y dio a luz al niño. Su madre lo colocó en un porche donde comían los animales y se subió a una habitación, en cuya alcoba había una ventanita que daba a la calle; se echó en la cama y cuando oyó que pasaba gente se asomó y pidió a quien pasaba que le subiera al niño que lo había dejado en un porche.

El Doctor Carrasco Hernando tuvo una vida azarosa; desde muy joven sintió la llamada de Dios y se trasladó a la ciudad de Sigüenza donde entró de colegial en el seminario conciliar de San Bartolomé el día 11 de febrero de 1794, disfrutando de una beca del arciprestazgo de Cifuentes. Llegó a ser catedrático de Filosofía de Lugares Teológicos y profesor de Sagradas Escrituras en el seminario en el que estudió; años más tarde fue nombrado catedrático de Teología y rector del seminario de San Julián de Cuenca.

En 1820 ganó en concurso el curato de Cañaveras en la misma diócesis conquense y en 1825 obtuvo por oposición la plaza de canónigo lectoral de la S.I. Catedral de Cuenca. Fue un consumado escritor, ya que por encargo del rey Fernando VII entre los años 1823 y 1826, en unión de quien años después fuera obispo de Mallorca, el reverendo padre don Juan Antonio Merino, dirigieron y publicaron la Colección Eclesiástica Española y la Biblioteca de Religión, asimismo escribió otros libros, como El alma afirmada en la fe y Retrato de Scipión de Ricci y tradujo del francés Tradición constante de la Iglesia, escrita por Lamenais.

Fernando VII le nombró para la silla de Ibiza, siendo preconizado en Roma el día 30 de septiembre de 1831, consagrándose en Madrid el uno de enero de 1832 en la iglesia de Nuestra Señora de Atocha, y entrando en la diócesis ibicenca el día 4 de marzo de ese mismo año.

Hizo misiones en el convento de Santo Domingo al principio de su episcopado, predicando las doctrinas cristianas; a sus expensas envió cuatro eclesiásticos a predicar en las parroquias rurales.

Celoso defensor de la misión que se le había encargado, cuales eran la doctrina y los derechos de la Iglesia, protestó enérgicamente varias veces al Gobierno oponiéndose a todas las innovaciones y usurpaciones de aquel en materias eclesiásticas, exponiendo al mismo tiempo la verdadera y sana doctrina en los diversos escritos que publicó. Los periódicos religiosos de la época están llenos de sus exposiciones, por cierto firmaba con las iniciales YDOE, que leídas al revés querían decir El Obispo de Ibiza. Fue un verdadero defensor de los pobres, llegando hasta empeñar su pectoral para socorrer a los necesitados dando tantas limosnas que para comer tenia que pedir limosna.

El Rey le nombró Senador del Reino y fue presentado para el arzobispado de Valencia en 1847, cargos a los que renunció para seguir siendo Obispo de Ibiza, ya que él pensaba, y estaba en lo cierto, que si dejaba ese obispado no volvería a haber obispo en Ibiza, lo que después ocurrió, perteneciendo entonces la bella isla balear al obispado de Mallorca.

Su fallecimiento se produjo sobre las 10 de la noche del día 4 de abril de 1852 como desenlace final de un ataque cerebral que le sobrevino el día anterior. Su cadáver fue expuesto, según previene el ceremonial de obispos, y una vez embalsamado fue enterrado en el presbiterio de la catedral de Ibiza el día 7 de abril.

Asistieron a sus exequias, entre otras personas, los sacerdotes don Venancio García, cura de Durón; don Pedro Sanz, cura de Gualda; don Baltasar Martínez, cura de Berninches; don Victoriano García, cura de Yélamos; don Vicente Ortega, cura de Alocén; don José Maria Escudero, cura de Pareja; don Tomás Callejea, cura de Chillarón del Rey; don Estanislao Sánchez, cura de Mantiel; don Julián Ramos, cura de Irueste; don Andrés López, presbítero de Auñón y don Julián Cañadas, presbítero de Budia.

Curiosamente el ataúd en el que fue expuesto su cadáver y enterrado se hizo más grande por un error de cálculo, siendo necesario colocar un pequeño colchón de paja para que levantase algo y puesto encima el cadáver pudiese ser visto pos sus feligreses a los que tanto benefició.

Hay que reconocer la gran humildad y pobreza en que vivió, ya que nació en un establo y como primera cama tuvo un porche con la paja de los animales y en su ataúd descansa sobre un colchoncito de paja.

Años más tarde, concretamente el día 6 de octubre de 1880, se procedió al solemne enterramiento de su lengua en la parroquia de Durón, reliquia que se perdió en la Guerra Civil. En el lado de la epístola, en el presbiterio de esta iglesia, se abrió un nicho en el que se introdujo la urna colocándose una placa con la siguiente inscripción: Bajo esta losa se encierra la lengua del Ilimo. y Rvmo. Sr. Don Basilio Antonio Carrasco Hernando, Obispo que fue de Ibiza y natural de esta villa.

El pregón de dicho sepelio fue pronunciado por el cura párroco de Budia Licenciado D. José María Ruiz Montejo.

Este enterramiento se pudo llevar a cabo gracias a las gestiones que realizó D. Toribio Carrasco Baquero, secretario de Cámara que fue del obispo Doctor Carrasco y sobrino suyo, en carta dirigida el 24 de julio de 1.855 al Sr. Gobernador Eclesiástico de la Diócesis de Sigüenza.

El 11 de septiembre de 1898, siendo párroco don Hilarión Moreno, se procedió al enterramiento del corazón también en la iglesia de Durón; aunque según nos han manifestado las personas mayores de nuestro pueblo, hasta la Guerra Civil en que desapareció, estuvo enterrado en la Ermita de la Esperanza. De este sepelio se conserva un recibo en el que se indica que los costes ascendieron a la cantidad de 29 ptas. con 75 céntimos.